los primeros recuerdos de caro



Cursaba preescolar, en la escuela del pueblo. Su papa la llevaba todas las tardes a clase, en su bicicleta azul, la dejaba en el portón de la entrada y la despedía con un abrazo y una frase que siempre ella recordaba: “pórtese bien” . La rutina para prepararse para ir a estudiar quedo grabada como uno de los mejores recuerdos de ella en la infancia. Su papa la despertaba diciéndole cuanto la amaba, diciéndole que era su mas grande amor, lo primero que ella oía al despertar era eso, y sentía un olor particular, el olor a Colgate que salía de la boca de su padre, seguido a las frases de amor estaban las cosquillas, hasta que la levantaba y en sus brazos la llevaba al comedor, donde siempre había un caldo de huevo servido, humeante, con leche y arepa. Se desayunaba, y su padre con tanto respeto que ahora no se ve, la bañaba en el lavadero de la casa, la vestía, la peinaba, le alistaba el uniforme, y así todos los días, carolina se iba a estudiar, ajena a la realidad de su familia e inmersa en una burbuja de amor creada por sus padres.
Su abuela vivía frente a la escuela a la que ella asistía, así que al salir de clases, ella cruzaba la calle y se quedaba allí. ahora que lo pienso, una hazaña muy peligrosa para una niña de tan solo 4 años, pero así era carolina, muy independiente y desde chiquita lo demostró.
Su abuela, una mujer cariñosa, de temperamento fuerte también, después de todo ella era la matriarca, la figueroa. Una negociante por naturaleza, tenia la mejor cacharrería del pueblo, era respetada, después de su pasado, logró forjar un nombre y apellido que inspiraba respeto. Con sus hijos y nietos era una consentidora, a carolina la quería mucho, le apodaba la gatica, porque varias veces la encontró, echándole mano a la leche en la nevera. Era de esas abuelas que volvía su cocina un restaurante, donde todos pedían a la carta. Carolina era amante de la leche, el caldo de huevo que nunca nadie igualó y las fritas de maduro, que doña ilia hacia con tanto amor. Sus tardes en casa de la abuela, trasncurrian en mirar el chavo del ocho, jugar con andres, su primo, hacer tareas y esperar a cual de sus padres le tocaba recogerla, generalmente era su padre quien iba por ella, pues no tenia trabajo, pero los viernes nadie iba por ella, se olvidaban de carolina, y ella dormía donde su abuela.

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