sin el mango y sin el huevo



Estaba con su hermana, mirando con deseo y hambre un mango que colgaba de un árbol del patio del vecino, no había forma de bajarlo sin quedar como ladronas. El hambre te hace ver un mango como almuerzo aunque este sea biche. Mientras pensaban en qué hacer para comer, empezaba la novela de todas las tardes, y los dueños de la casa donde estaban arrendadas, la ponían en su televisor, para esa época padres e hijos era la novela del momento. Astrid la veía desde afuera de la habitación de la pareja, y mientras observaba se encontró una moneda de 50 pesos, de esas grandes y marrones que olían feo, a puro cobre. Eso valía un huevo, la alegría  fue tanta que corrió donde diana y le conto. Ambas se imaginaban comiéndose un huevo frito con sal.
Astrid se dirigió a la tienda de la esquina, en todo el camino sus tripas chirreaban de emoción o de hambre. Para ese año un huevo valía 50 pesos, se lo dieron en la mano. Camino de vuelta a la casa, se tropezó y el huevo cayó al piso, se partió y nada que rescatar quedo. La tristeza se convirtió en miedo, pues diana esperaba en la casa, y estaba igual de hambrienta que ella, apenas la viera llegar sin el huevo la golpearía y no le creería que se le partió. Efectivamente al tocar, diana abrió, ansiosa y hambrienta con el perol y el aceite listo, pero astrid no tiene el huevo, al verla se puso histérica y la tiro del cabello, era entendible, el hambre nos convierte en ogros hasta con nuestros familiares, astrid era solo una niña y nuca olvidaría esta escena de su vida. No hubo huevo, no hubo mango, no hubo comida, todo quedo solo en planes e ilusiones.

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