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sin el mango y sin el huevo

Estaba con su hermana, mirando con deseo y hambre un mango que colgaba de un árbol del patio del vecino, no había forma de bajarlo sin quedar como ladronas. El hambre te hace ver un mango como almuerzo aunque este sea biche. Mientras pensaban en qué hacer para comer, empezaba la novela de todas las tardes, y los dueños de la casa donde estaban arrendadas, la ponían en su televisor, para esa época padres e hijos era la novela del momento. Astrid la veía desde afuera de la habitación de la pareja, y mientras observaba se encontró una moneda de 50 pesos, de esas grandes y marrones que olían feo, a puro cobre. Eso valía un huevo, la alegría   fue tanta que corrió donde diana y le conto. Ambas se imaginaban comiéndose un huevo frito con sal. Astrid se dirigió a la tienda de la esquina, en todo el camino sus tripas chirreaban de emoción o de hambre. Para ese año un huevo valía 50 pesos, se lo dieron en la mano. Camino de vuelta a la casa, se tropezó y el huevo cayó al piso, se part...

los papas de carolina

Sus padres tenían diferencias que nunca pudieron arreglar. Su papá era un desempleado mas, había tenido una de las mejores tiendas del pueblo, pero por su derroche de dinero y su problema con la bebida, las había dejado en la calle, literalmente. Doña Aleyda tuvo que ponerse a trabajar nuevamente, como aseadora en un colegio de ricachones, de puros hijos de petroleros. Su rutina de trabajo era muy dura. Sin embargo don felix nunca mas consiguió un buen empleo, siempre se metía en negocios chichipatos. Y así pasaba el tiempo, siendo el quien atendía la casa y doña aleyda quien llevaba el sustento. La relación de los dos era terrible, el por su problema con la bebida, se perdía  desde los jueves o viernes y cuando aparecía nuevamente, llegaba borracho, desarreglado y buscando pelea, la parte mas terrible de la infancia de carolina, ver como su padre golpeaba a su mama. Si, el mismo que e las mañanas era tan cariñoso con ella, en las noches de fines de semana se convertía en el buf...

los primeros recuerdos de caro

Cursaba preescolar, en la escuela del pueblo. Su papa la llevaba todas las tardes a clase, en su bicicleta azul, la dejaba en el portón de la entrada y la despedía con un abrazo y una frase que siempre ella recordaba: “pórtese bien” . La rutina para prepararse para ir a estudiar quedo grabada como uno de los mejores recuerdos de ella en la infancia. Su papa la despertaba diciéndole cuanto la amaba, diciéndole que era su mas grande amor, lo primero que ella oía al despertar era eso, y sentía un olor particular, el olor a Colgate que salía de la boca de su padre, seguido a las frases de amor estaban las cosquillas, hasta que la levantaba y en sus brazos la llevaba al comedor, donde siempre había un caldo de huevo servido, humeante, con leche y arepa. Se desayunaba, y su padre con tanto respeto que ahora no se ve, la bañaba en el lavadero de la casa, la vestía, la peinaba, le alistaba el uniforme, y así todos los días, carolina se iba a estudiar, ajena a la realidad de su familia e in...
ASTRID Tibu, norte de Santander, enero del 94 En un pueblo de la región del Catatumbo, nace una niña, la segunda de su familia que fue planeada, luego de la muerte prematura de su hermana, un año antes. Su padre, un hombre de disciplina militar, de alma revolucionaria y de carácter fuerte. Su madre, una mujer buena, fuerte y luchadora, para ella, la mejor mamá del mundo. La cuarta hija de su madre y la segunda de su padre, por aquello de que él, era el segundo esposo de ella. En medio de una época llena de pobreza, trajo alegría y esperanza a sus padres, en palabras de sus hermanas, por poco, la única hija que ellos de verdad amaron. Su nombre escogido por su mamá, pensando en la novela venezolana de la época, fue seleccionado precisamente para que su hija siempre se sintiera como una reina, después de todo, siempre fue la razón de vivir de sus padres. Carolina, como la llamaban todos, crecía en un pueblo azotado por la violencia que cada día se volvía insoportable. De bebe, su...